Esta segunda visita, además de algunos elementos del patrimonio que nos faltaban, tenía como principal objetivo la ruta del agua.
La comenzamos a las diez de la mañana. El primer destino, la Plaza de Santa María. En el recorrido a pie tuvimos oportunidad de observar las gárgolas de la iglesia de San Juan de los Ovejeros y la escultura de Leoncia, estática frente a la iglesia. A continuación, desde la plazuela de Publio Hurtado pudimos observar las almenas de la Torre del Postigo, y después la del Horno (Carlos Pereira), en las Piñuelas, y la de la Yerba en el Foro de los Balbos. Estas dos últimas las habíamos comentado en la salida anterior.
Ya en la Plaza de Santa María nos detuvimos en el Palacio de Mayoralgo (Rodrigo Escribano). En su fachada: la puerta en arco de medio punto con grandes dovelas, las ventanas geminadas, el escudo reconstruido de los Blázquez-Mayoralgo, con decoración alrededor, y la inscripción con un salmo en referencia a la torre y al águila del emblema.
Después, la Casa de los Golfines de Abajo (Lucía Barroso). Una de las fachadas más interesantes y decoradas de todo el conjunto monumental: la torre desmochada y con matacán, a la derecha; la decoración plateresca del cuerpo central con alfiz calado que se quiebra y enmarca toda la portada. Los escudos de los Golfines y de los Reyes Católicos y la leyenda "FER de FER". Al lado, la torre adosada, de nuevo con el emblema de los Golfines y una cartela que identifica a los propietarios ("Esta es la Casa de los Golfines") ... Todo rematado por una rica crestería plateresca de flameros y dragones o grifos afrontados.

En la
Plaza de San Jorge, la monumentalidad de las fachadas del conjunto de la
Iglesia de San Francisco Javier (Carla Sánchez) y del antiguo
Colegio de Jesuitas (construidos en el s. XVIII). Imponentes torres encaladas, coronadas con chapiteles piramidales; portada barroca con grandes columnas y la imagen del santo titular.
Iniciando la subida de la
Cuesta de la Compañía, a la izquierda se encuentra el que hoy se conoce como
Museo de la Semana Santa. En su origen y en la realidad, la
Cripta de la Iglesia de San Francisco Javier (Silvia Bravo). Recorrimos la amplia estancia abovedada y con arcos de ladrillo, situada bajo el suelo de la iglesia. Allí observamos el
aljibe excavado en las cuarcitas que sigue filtrando las aguas de lluvia. Mirando hacia arriba, por una abertura acristalada, se ve la nave de la iglesia en la parte del crucero.
Al fondo de la cripta, y sin posibilidad de acceso, el lugar donde estuvo el nicho del benefactor y mecenas del conjunto, don Francisco de Vargas y Figueroa (
†1698).
Fuera de la cripta y hacia el interior del colegio, bajamos al Aljibe (Dylan Llanos), excavado bajo el patio del convento. Cuatro grandes pilares de ladrillo que sostienen bóvedas del mismo material y, en ellas, la abertura y brocal del pozo para la extracción del agua desde el patio. Y sus extraordinarias dimensiones: unos 200 m2 de supeficie, 9 m de altura, alrededor de 1800 m3 de capacidad, 1200 m2 de superficie de recogida de agua de lluvia, etc.
En la Plaza de San Mateo, la
Casa de los Cáceres-Ovando y la Torre de las Cigüeñas (Álvaro Cid). Coronada con
cuerpo saliente de almenas, construida en
mampostería y con
sillares en las esquinas. Los grandes bloques de granito en la base están relacionados con los restos de la antigua alcazaba. La construcción con almenas de la torre es privilegio de la reina Católica a su vasallo, el capitán Diego de Cáceres-Ovando. La portada de la casa tiene los clásicos elementos de la casa-palacio cacereña.
Y, de aquí, al
Aljibe Almohade (Hugo Martínez) del Palacio de las Veletas. Uno de los lugares emblemáticos de la ciudad. Impresionante visión de su estructura en cinco naves cubiertas con bóvedas de cañón, de los arcos de herradura con columnas reutilizadas, del agua quieta en el suelo excavado sobre la roca madre. En los días de lluvia el agua penetra por algunas oquedades abiertas en las bóvedas. Para los escolares, múltiples preguntas:
¿por qué las monedas en el suelo?, ¿cómo se vacía el agua?, ¿por dónde cogía la gente el agua?, ¿dónde está el pasadizo?... Y al final, un interesante grabado en el mortero de la pared que representa una ciudad de murallas y altas torres.
Tocaba recreo y bocadillo. En el patio del Museo. Mañana soleada. Desde allí se divisaba toda la
Ribera del Marco y, a la orilla derecha del arroyo, la
Fuente del Concejo.
Camino de la fuente, recorrimos parte de la
Judería vieja, la
ermita de San Antonio del Barrio o de la Quebrada (antigua sinagoga), el bello rincón de la
Calleja del Moral, que todos se apresuraron a fotografiar, y salida a extramuros por el
Arco del Cristo o
Puerta del Río.
La
Fuente del Concejo (Pilar Pulido), restaurada en 1992, conserva su enlosado de granito y sus arcos, de medio punto y apuntados, en su parte baja. El cuerpo superior, añadido, rompe un poco su fisonomía primitiva. Al lado, discurre canalizada el agua de la
Rivera o Arroyo del Marco. Un cartel, en el pequeño jardín, reproduce algunos párrafos de la
Ordenanza del Agua de la Ribera dictada por los Reyes Católicos en 1494. Nos vienen a la memoria las imágenes, tan reproducidas y compartidas últimamente, de las aguadoras con los cántaros a la cabeza o en el
cuadril, pasando a través del
Arco del Cristo y subiendo la
Cuesta del Marqués o la de
la Compañía. Otros tiempos.

Nuestro recorrido siguió paralelo al arroyo para acercarnos a su nacimiento en la
Fuente del Rey o
Charca del Marco. Antes, en la calle de San Roque, nos acercamos a la
Cisterna (María Ayllón) al pie de la
Torre de los Pozos. Pudimos observar, a través del cristal de la puerta, el agua casi hasta el nivel de calle, y las paredes y bóvedas de grandes bloques de mampostería. Sobre la bóveda, el gran macizo que fue base de la antigua
torre coracha.
La parada nos permitía observar también la decoración de la
Torre de los Pozos (Cristina Ordiales):
encintados, estrellas y cartela con jaculatoria de alabanza. Y también el enorme deterioro causado por la humedad en el muro de cierre.
Adelante, por la
Ronda de San Francisco (antigua Vía de la Plata). A la derecha, el puente, hoy fosilizado en la glorieta; a la izquierda el
Pilón pequeño de San Francisco. Y enfrente, el espacio vacío del antiguo
Pilar grande, trasladado en 1975 al mal llamado
Foro de los Balbos. Ambos abrevaderos recibían sus aguas de la desaparecida
Fuente Nueva.
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Los pilares o pilones de San Francisco |
La
Fuente del Rey o
Charca del Marco (Carmen Salazar) era nuestra última parada. El entorno y la charca aparecen con cierto deterioro, a pesar del Parque con que se embelleció la zona. Sus aguas son una surgencia del Calerizo y dan origen al
Arroyo de la Madre o
Rivera del Marco (Celia García). Huertas, molinos, batanes, tenerías, abrevaderos, y otras múltiples ocupaciones en la Ribera, han sido posibles gracias a sus aguas a lo largo de los siete kilómetros de cauce hasta la desembocadura en el
río Guadiloba. Toda una historia de la ciudad. Y un entorno que hay que recuperar.
Este último lugar completa el programa de nuestro proyecto. Sólo nos queda visitar la
Fuente de Aguas Vivas (Lucía Mateos), situada a la otra parte de la ciudad, junto al
Arroyo de Aguas Vivas. La veremos cuando visitemos el
Parque del Principe con los compañeros de Segovia. De todas formas, Lucía nos ha enviado ya imágenes de su recorrido por las fuentes de esta zona de
la Sierrilla:
Fuente del Hinche, Fuente Bárbara, Fuente de la Madrila y Fuente de Aguas Vivas. Aquí las publicamos.
Después de esta larga caminata, cogimos el autobús junto a los nuevos Juzgados y junto a la
Portada del desaparecido
cementerio del Espíritu Santo. Nos dejó a las puertas de colegio.
Una agradable y provechosa mañana unos días antes del
solsticio de invierno... Y de las
vacaciones.
Álbum de la visita
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